¿Por qué?

¿Por qué?

Tengo pendiente explicar con alcohol de por medio el porqué del nombre del blog, por qué «abogada y madre en la vida» si estoy hasta el coño de que siempre se hable de machismo en relación a la maternidad.

No es fácil entenderlo estando sobrio, supongo. Pero espero ser capaz de dar una explicación lo suficientemente clara. Allá voy:

1. Supongo que «mujer, amante, compañera, amiga, aventurera, madre, hija, curiosa, viajera, abogada, jurista, poetisa frustrada, divorciada, hermana, tía, amiga, rara, soñadora y pirada en la vida» era un título muy largo. Y «yo soy yo» un título que poco aclaraba el contenido del blog. De todas esas cosas que soy tomé las dos que me han implicado mayor sacrificio en la vida, y además las más relacionadas con el contenido de este blog que pretendo sea un reflejo de mi vida profesional: abogada y madre.

2. ABOGADA: Imagino que el nombre del blog lleve el vocablo «abogada» no requiere mucha explicación, tratándose de un blog en el que pretendo escribir entradas de contenido jurídico. Lo complicado es que el «abogada» lleve unido el «madre».

3. MADRE: Para tranquilidad de mi futura compañera de chupitos y principal crítica con el nombre del blog, no pienso dedicar ni una sola entrada a los siguientes temas:

– Eso que yo he dado en llamar «cotilleo de pañales».

– Lecciones de vida y consejos sobre ser madre o sobre cómo conciliar vida familiar y profesional.

– Reivindicaciones relativas a la conciliación familiar en la profesión.

-Maternidad y ascenso a la cúspide.

Desmentidos todos los tópicos ¿Por qué madre en el nombre del blog y unido a abogada?

Pues por tres motivos fundamentales:

El primero, precisamente, porque es mi intención desmontar tópicos y prejuicios. Ser madre es sólo una circunstancia personal más de cada cual que cada cual vive como le sale del coño y compatibiliza con el resto de sí misma del modo que cree conveniente. Me divierte que alguien lea «abogada y madre en la vida» y piense en los tópicos, piense que el blog se dedicará a esos temas que he declarado tabúes (cotilleo de pañales, conciliación, maternidad y ascensos…) y lo que se encuentre sea una abogadA de cuyo teclado sólo salen entradas técnicas. En definitiva citar el estereotipo y luego ser lo contrario para cargarse los prejuicios.

El segundo, es que estoy en un proceso de metamorfosis en el que me estoy centrando en dos materias principalmente: el Derecho de Trabajo y el Derecho de Familia. Me he dado cuenta que soy buena llevando Derecho de Familia gracias a ser madre o más bien a ser progenitor a secas. Soy especialmente empática con el cliente y extremadamente sensata e imaginativa a la hora de asesorarlo. Y eso es mi valor añadido en estos temas que de Derecho «estrictu sensu» tienen poco, en los que la norma se puede modelar porque no es rígida, sino genérica. Por eso, lejos de avergonzarme de ello creo que es algo a destacar en mi blog profesional en este concreto momento.

ACLARACIÓN: En el resto de las materias del Derecho no me influye en absoluto. No soy nada «maternal» con los clientes ni con los contrarios, ni tengo ningún tipo de escrúpulo de esos que impedirían que fuera objetiva y técnica llevando un pleito.

Y en tercer lugar, ser abogadx ha influido en mi manera de ser madre, progenitor si lo preferís.

Desde mi mente de jurista no he podido evitar enlazar la educación de mis hijxs con normativa legal.

Algo muy extraño y políticamente incorrecto entre las madres de mi generación como citar el artículo 155 del Código Civil («Los hijos deben: 1.º Obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre. 2.º Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella.») ha sido una constante en mi casa; he sentido un miedo exagerado ante la posibilidad de que a mi hija rebelde le acabasen incoando expediente en la Fiscalía de Menores, miedo que no creo que pasen las madres que no han llevado expedientes de menores (de hecho el padre de mis hijxs me llamó muchas veces loca por ello); y no he podido evitar atajar determinadas conductas de mis hijos haciéndoles ver que eran delitos y podían ser condenados a partir de los 14 (como cuando mi hijo cotilleó mi WhatsApp hace unos años, mi hija colgaba fotos de sus amigas en biquini por ahí o me contaba que sus amigxs entraban al trapo en RRSS poniendo verde a alguien); también les he informado a ratos de sus derechos, pero siempre que ello no me perjudicase, que al fin y al cabo en esto de educar a lxs hijxs y ponerles límites, ellxs y yo tenemos intereses contrapuestos. Si esto no es una madre abogada que venga dios y lo vea…

Por si todavía no os han quedado claro mis razones para que el blog se llame «Abogada y madre en la vida», ahí va el resumen:

AUN CUANDO ESTOY DISPUESTA A ESCUCHAR TODAS LAS CRÍTICAS POSIBLES, CON O SIN CHUPITOS, NO PIENSO CAMBIAR EL NOMBRE DEL BLOG PORQUE CON EL CONTRASTE ENTRE SU CONTENIDO REAL Y LOS ESTEREOTIPOS A LOS QUE PUEDE LLEVAR EL «ABOGADA Y MADRE EN LA VIDA» CREO QUE PUEDO HACER MUCHO MÁS PARA LA DESAPARICIÓN DE MUCHOS PREJUICIOS QUE CAMBIANDO EL NOMBRE, Y PORQUE ENTRE LA MARÍA ABOGADA Y LA MARÍA MADRE EXISTE UNA SIMBIOSIS QUE CREO FUNDAMENTAL Y A LA QUE NO PIENSO RENUNCIAR, POR MUY POLÍTICAMENTE INCORRECTA QUE PUEDA PARECER DESDE FUERA.