ABOGADA Y MADRE EN LA VIDA. PRIMERA ENTRADA DEL BLOG PROFESIONAL

ABOGADA Y MADRE EN LA VIDA. PRIMERA ENTRADA DEL BLOG PROFESIONAL

Amenacé con hacerlo y lo hice. Hace un año me abrí un blog que tenía por nombre «ABOGADA Y MADRE EN LA VIDA». Escribí entonces esta entrada, que ahora traigo al blog de la web explicando mis porqués.

Llevo varios años pensando en escribir un blog sobre lo que significa ser madre y abogada, por separado y en conjunto.

El otro día un tweet encendió la llama. Llevo desde entonces con ganas de hacerlo, así que he encontrado hueco en una semana de imprevistos y locura para hacerlo porque me lo pide el cuerpo de tal manera que no sería capaz de dormir esta noche si no lo hiciera.

No creo que me vaya a leer mucha gente, ni siquiera aspiro a que tenga ningún tipo de trascendencia, pero si no lo hago, si no expreso mi opinión acerca de lo que es ser madre, de lo que es ser abogadA (la A mayúscula no es una errata, porque no es lo mismo ser abogada que ser abogado por desgracia) y de lo que es ser las dos cosas a la vez, reviento. Y eso no, porque con las lentejas que me he comido hoy, sería un despropósito.

La verdad es que me cabrea mucho que exista en 2018 la creencia de que las abogadAs no progresamos debido a la maternidad. Me cabrea tanto como me cabrean esta profesión y la maternidad a ratos, la misma mala leche que me provocó leer el tweet que me inspiró.

Mi experiencia personal me dice que el machismo de la profesión es más intenso que en la sociedad en general y tiene sus propias particularidades. No tiene nada que ver con el hecho de ser madre o no serlo, ni con el hecho de ser productiva o no serlo, sino con el hecho de que la abogacía sea de los colectivos más rancios de las sociedades en general, de los colectivos más conservadores, más reacios al cambio…

Es cierto que existen algunas ramas que son la excepción a lo que acabo de narrar. No sé muy bien por qué pero lo cierto es que en mis inicios, cuando me movía entre abogados y abogadas laboralistas, no tenía la sensación de machismo que sí me reconcomía en el resto de los ámbitos. Se me ocurren varias explicaciones: Que la propia Jurisdicción Social sea una especie de bicho raro, una jurisdicción en la que abogados y magistrados se van de copas juntos, el despacho del juez siempre está abierto y se nos trata de tú a tú; quizá tenga que ver con razones históricas, con que coincidiera la entrada masiva de mujeres en la profesión con la transición y los juzgados que mejor representaban esa camaradería entre personas políticamente activas cuyo perfil era proclive a esa igualdad entre géneros, a esa mente abierta de la que había carecido la profesión durante siglos, eran las magistraturas de trabajo y eso haya llegado hasta hoy. No lo sé, lo único que tengo claro es que los únicos abogados que me trataron como un igual en aquellos primeros años fueron los laboralistas.

Somos, en mi opinión, vástagos de una profesión que ha sido durante siglos símbolo de posición social y de poder y, por tanto, reservada a quienes ejercían esa respetabilidad y poder en la sociedad en general: los hombres. Y de ahí viene el machismo en la abogacía y no de que las abogadAs sean menos productivas que los abogados cuando tienen familia.

Yo jamás fui consciente de que mi condición de mujer era algo más que tener vagina y tetas hasta que me hice abogadA. ¿Y por qué creo que es importante mi testimonio en este sentido? Porque a diferencia de la mayoría de mis compañeras abogadAs yo llegué a esta profesión siendo ya madre y no una madre cualquiera, sino una madre que escapaba del estigma de ama de casa, una madre cuya hija de entonces y el hijo que llegó después tenían un padre que los cuidaba toda la tarde y los acostaba mientras su madre se centraba en su trabajo y llegaba de madrugada a casa cuando ya estaban durmiendo, una madre que como tal no era víctima del machismo de su pareja o de la sociedad. Y, sin embargo, como abogadA a secas lo sentía en cada poro de mi piel y no por la falta de productividad por dedicarme a mi familia (porque no lo hacía), sino por el mero hecho de ser mujer. Y ese machismo venía de mis compañeros que se dirigían a mí bien con paternalismo, bien para tontear y hacer comentarios muy poco profesionales cuando los llamaba para negociar temas; ese machismo lo sentía en los clientes que parece que buscaban una barba o un bigote para dar seriedad y confianza a mi trabajo. Por suerte esta sensación se pasó, no sé si porque ya soy una cuarentona poco apetecible o porque los años me han hecho respetable en la profesión y con los clientes. Pero ese machismo, de otra manera, con otras expresiones, volvió a aparecer cuando hace más de dos años me eché novio en la profesión. De un plumazo empecé a desconfiar de mi propio criterio y a sentir que otros compañeros me veían como el florero de alguien y no como su compañera. Y podréis pensar que se debía a que mi novio era algo “influencer” y yo abogada de pueblo y a mucha honra. Cierto. Pero no creo que fuera sólo por eso. Si la conocida en redes fuera yo y él el abogado de pueblo dudo que mis conocidos o sus propios conocidos, como me pasó a mi, lo trataran como un florero. Muy al contrario tendrían conversaciones interesantes, profesionales y lo tratarían como un compañero más, exactamente como lo que yo soy y nunca dejé de ser. Por suerte esto también es cosa ya del pasado, pero mi trabajo conmigo misma y con los demás me ha costado también.

Así que sí, las mujeres en un alto porcentaje cargan con más peso en la maternidad que los hombres (lo veo en mi compañera de despacho que va a mil de un lado para otro para traer y llevar a sus hijas en modo histérico mientras su marido le dedica la mitad del cerebro y tiempo que ella a esa tarea a pesar de ser ambos autónomos), pero como yo hay otras muchas mujeres que a los 40 no son madres porque su carrera es más importante para ellas que la maternidad o porque simplemente no quieren ser madres y punto, y sin embargo no son abogadas de reconocido prestigio (que se diría en provincias) ni socias de grandes despachos (que se diría en la capital). Puede que un porcentaje, el que sea, no tengan la valía profesional necesaria, pero estoy segura que las mujeres válidas no madres supera el 2% de los colegiados en España.

Por todo lo expuesto, con pamplinas a otras, a mi NO.

Esta entrada fue tan polémica que tuve que aclarar tanto la entrada como el porqué del nombre del blog en dos entradas consecutivas, que aquí os dejo:

Una que llevaba  el subtítulo de «machismo entre abogados»

Y otra en la que explicaba mis porqués.

 

Supongo que, bastante tiempo después. no harán falta más aclaraciones…